Lo que ya está viniendo

Aunque no podamos decir que la situación de los demás animales haya experimentado mejoras notables, sí podemos afirmar que cada vez se habla más sobre su situación, hay más debate social y más colectivos e iniciativas que denuncian la injusticia especista. Algunas forma de explotación animal están mal vistas por cada vez más gente, como por ejemplo los circos con animales, los zoos o la tauromaquia.

¿Cómo le sentará todo esto a quienes viven de utilizar animales no humanos para ganar dinero?

En los últimos meses hemos podido observar lo que se venía comentando desde hace un tiempo: uniones profesionales y empresariales con el objetivo de defender los negocios especistas y luchar contra el activismo en defensa de los animales. La creación de la plataforma “Los hombres y los animales en su sitio”, que defiende la tauromaquia, la caza, la ganadería, la cetrería, los circos, los zoos y la hípica; el aumento de actividad pública de la agrupación “Circos reunidos”; o el texto oficial que redactaron en 2015 desde la Confederación Española de Sociedades Científicas, en defensa de la experimentación con animales no humanos y pidiendo un endurecimiento del código penal para quienes hagan activismo contra la misma, son ejemplos muy claros del momento que atravesamos.

Quienes encuentran en la explotación animal un negocio rentable no van a renunciar tan fácilmente a su parte del pastel. Como gente antiespecista es importante tener una idea lo más clara posible de cuál es el escenario en el que desarrollamos nuestras luchas. Todo parece indicar que en los próximos años el movimiento antiespecista contará con más enemistades, con más gente poniendole la zancadilla. Pensamos que las uniones empresariales harán lo que esté en su mano, que seguramente serán un par de cosas.

La primera, intentar desprestigiar en todo lo que puedan la lucha antiespecista. Con la inestimable ayuda de sus medios de comunicación afines (aquí en Madrid se pudo ver claramente en la última campaña del circo) y con las declaraciones públicas de algunas personalidades convenientemente contactadas, intentarán ridiculizar, difamar y finalmente criminalizar a quienes pensamos que los demás animales merecen respeto y libertad.

La segunda, hacer lobby para proteger sus intereses cambiando leyes. Blindar legalmente sus negocios es lo mejor que les puede pasar, ahí tenemos el caso de la caza o la tauromaquia. Y dentro de esta misma corriente, otra cara: conseguir leyes que acorralen al activismo. Endurecer penas en casos relacionados con la defensa animal o conseguir crear leyes de excepción como las que ya hay en otros países que prohiben, por ejemplo, grabar a los animales que se encuentran encerrados en granjas (en EEUU).

Intentarán promover las figuras del buen activismo (el tranquilo, que negocia, que cede, que espera, que acepta, que promueve la regulación de las formas de explotación para hacerlas “más humanitarias”, que coopera) y la del activismo radical, casi ya hasta terrorista (el que está enfadado por las injusticias, que no negocia, que busca el fin de la explotación y no acepta ni siquiera que se pueda hablar de “matanza humanitaria”).

Muchas cosas de las que van a pasar no están en nuestra mano, pero hay algunas que sí. Caer o no caer rápidamente en sus trampas es una de las que sí. No ceder ante la presión mediática, no asumir el discurso enemigo como propio, tender una mano a quienes sufran la represión en la forma que sea, generar una cultura antirrepresiva y una comunidad de lucha, encontrar los puntos débiles del discurso especista y rebatirlos sistemáticamente… Se abre un abanico lleno de posibilidades y todas son interesantes, positivas y necesarias para la lucha antiespecista.